Quilombera

Construir narrativas descolonizantes es imprescindible

Publicado: 01/09/2025 18:25 Actualizado: 21/03/2026 09:11 39 visitas
Construir narrativas descolonizantes es imprescindible

Por Sara R. Zubillaga.

Actualmente se imponen narrativas contradictorias en las que la ignorancia se equipara al saber; donde el mal busca institucionalizarse; y para las que los saberes situados y construidos desde la experiencia o por los pueblos originarios, no sólo no son reconocidos y permanecen explotados económica y culturalmente, sino que esto persiste  con la validación de sectores académicos tradicionales colonizadores del saber y de las narrativas de lo que es conocimiento.

Por eso, cuando, en nuestros contextos, hablamos de narrativas descolonizantes (que hacen visible los impactos naturalizados de la colonización) y descolonizadoras (que critican y crean horizontes nuevos y prácticas transformadoras.) no nos referimos a un discurso abstracto ni a un debate académico. Hablo desde el Sur Global, desde Perú, un país que sangra por la herida de la colonización y por heridas más recientes. Fue invadido por aproximadamente 289 años y fue ocupado como centro administrativo y político de la invasión española a “las Américas”. Eso nos marca profundamente en cuanto al desprecio por la vida, al racismo, al clasismo, a la misoginia racista a la violencia sexual y a la muerte. 

Me parece importante tomarse el tiempo de explicar desde donde se habla y se cuentan las historias, y dejar de presuponer la universalidad, eso es un ejercicio descolonizante también, en un país donde toda la historia formal ha sido contada desde un lente hegemonizante, racista. 

Creo que decir “Sur Global” no es solo una ubicación geográfica. Es un lugar de enunciación. Significa hablar desde espacios históricamente subordinados en el sistema mundial, donde las heridas de la colonización no son pasado remoto, sino presente cotidiano: en la pobreza estructural, en la exclusión racializada, en la explotación de los territorios y los cuerpos.

Los sistemas de opresión y poder subsisten por el control de la producción y la reproducción y lo hacen a través de la explotación de cuerpos y territorios. Y es justo desde ahí, desde los cuerpos y los territorios, que nos quiero invitar a mirar las narrativas de descolonización y descolonizadoras. Estas narrativas nos ayudan a desnaturalizar y dejar de dar por sentada la homogeneidad, a visibilizar el poder, y el porqué (y sobre todo) cómo nos atraviesa. Sin embargo, también es desde donde somos y construimos, con nuestras vidas (cuerpos, mentes, espíritus) y desde los territorios (originarios o migrados) que habitamos, resistimos. Y con esta, nuestra existencia, arrebatamos el derecho a vivir y a vivir con placer. 

Ahora quiero detenerme en las narrativas antirracistas feministas decoloniales, las críticas al capitalismo y a la guerra como una de sus más graves consecuencias. Campos que están relacionados porque se sostienen entre sí.

Narrativas antirracistas

El racismo no es un error individual ni una anomalía: determina qué vidas tienen o no valor. quiénes son más humanos, quiénes tienen derechos, qué vidas son visibles y cuáles se vuelven descartables.

Frente a eso, las narrativas antirracistas surgen desde los pueblos afrodescendientes e indígenas que han resistido siglos de invasión, explotación e intentos de exterminio. Frente a la narrativa del mestizaje que en muchos países, como el Perú, pretendió diluir las diferencias, estas voces recuerdan que el racismo sigue operando en la escuela, en el trabajo, en los medios de comunicación, en la policía, en la cárcel, en la política y en lo público.

Pero más allá de la denuncia, estas narrativas afirman la dignidad, transforman el estigma en orgullo. En el Sur Global, las expresiones culturales afro diaspóricas, e indígenas en múltiples formas (la justicia consuetudinaria, el arte en forma de música, canciones, poesía, literatura, cine, danza, comida, bebida, moda etc.) son muestras de orgullo colectivo y ese orgullo colectivo es también un acto político.

La memoria de la esclavitud y del racismo estructural ha dado lugar a poderosos relatos que reivindican la dignidad, la resistencia cultural y la creatividad de los pueblos afro y originarios. Estas narrativas no sólo denuncian el racismo que persiste, sino que celebran la riqueza de sus lenguajes, sus músicas, sus estéticas y sus filosofías. Desde la noción de “negritud” hasta las luchas antirracistas contemporáneas, estamos ante una narrativa que nos obliga a reconocer que no hay futuros posibles sin justicia racial y que descolonizar también es deshacer las lógicas de blanqueamiento y homogeneización cultural que siguen presentes en nuestras sociedades.

Narrativas feministas decoloniales

El colonialismo no sólo impuso jerarquías raciales. También reorganizó el género y la sexualidad. El patriarcado colonial controló (y busca controlar) los cuerpos de las mujeres, invisibilizó sus saberes y definió qué cuerpos eran “puros” y cuáles eran “inferiores” o “explotables”.

Hoy, las narrativas feministas decoloniales antirracistas nos recuerdan que no basta con hablar de “igualdad de género” en abstracto. Hay que mirar cómo género, raza y clase se entrelazan. 

Pero estas narrativas no solo denuncian: también proponen. Cuando las mujeres en Puno- Perú, acuerdan un nuevo pacto social en el que la Pachamama tiene derechos, es defender la vida. Son narrativas que recuerdan que la tierra no es un objeto de explotación sino un ser vivo con el cual se tejen relaciones de reciprocidad. Cuando las comunidades hablan del buen vivir, proponen una forma alternativa de concebir el bienestar, no como acumulación material, sino como equilibrio con la naturaleza, con la comunidad y con uno mismo. Estas narrativas que son profundamente políticas, porque interpelan al modelo dominante que reduce la vida a mercancía, son ridiculizadas, explotadas y perseguidas. Porque nos ofrecen, además, lenguajes y símbolos para hablar de futuro desde la memoria, desde la raíz, y para cuestionar la idea de que el progreso solo se mide en crecimiento económico.

Y estas narrativas, aunque nacen en el Sur, también interpelan a las mujeres en el Norte. Porque evidencian que no todas las mujeres parten del mismo lugar. Que hay privilegios raciales y de clase que atraviesan incluso los movimientos feministas. 

Narrativas críticas al capitalismo y a la guerra

No podemos hablar de descolonización sin hablar de capitalismo. Porque el capitalismo global nació de la empresa colonial. Fue el saqueo de América, África y Asia lo que permitió la acumulación originaria en Europa. Y hoy, ese capitalismo sigue funcionando sobre las mismas lógicas: desigualdad, despojo y explotación.

Las narrativas críticas al capitalismo en el Sur Global son descolonizantes porque muestran cómo este sistema sigue extrayendo riqueza de nuestros territorios y precarizando nuestras vidas. Cuando comunidades campesinas defienden la soberanía alimentaria frente al agronegocio, no solo luchan por la comida, sino por la dignidad. Cuando comunidades urbanas resisten la gentrificación y la privatización de lo común, están proponiendo otras formas de habitar.

Estas narrativas, aunque nacen desde el Sur, son globales. Porque el capitalismo también precariza en el Norte: convierte la vida en mercancía, reduce la existencia a productividad, genera ansiedad y soledad. La guerra es la máxima empresa . El capitalismo moderno se consolidó con la colonización, que fue en sí misma una forma de guerra: conquista militar, ocupación de territorios, esclavización de pueblos.  La guerra es la empresa del capitalismo y controla recursos y poblaciones. Donde el capitalismo necesita expandirse, la guerra aparece como su herramienta más rentable y más devastadora. Por eso debemos ser enfáticas en denunciar y resistir, porque sus impactos no conocen fronteras. Destruyen territorios, quiebran y exterminan comunidades y marcan generaciones enteras en todas partes del mundo. Ahora mismo, en Palestina, en Congo, en Sudán, en Haití.

Parte de esa resistencia desde el Sur Global son las narrativas que instalan el hecho de que el capitalismo no es inevitable, y la vida puede organizarse (y se organiza) de otras maneras. Más colectivas, más lentas, más cuidadosas. Reconocer que esos saberes ya han sostenido la tierra también, muchas veces no estamos inventando cosas nuevas. Somos seres sintientes y venimos mutilando el ambiente y a nosotros mismos en el proceso. La vida y el cuidado se sostienen en las mujeres (las que paren y crían) y esas vidas son fuerza de trabajo de un sistema sostenido con nuestros cuerpos, con  nuestros cuidados y todo se conecta.

¿Cómo todo se conecta?

El racismo, el patriarcado y el capitalismo no son piezas aisladas: son engranajes que se sostienen mutuamente.

El racismo justificó la esclavitud que alimentó el capitalismo. El patriarcado garantiza la explotación de los cuerpos de las mujeres, su trabajo gratuito es indispensable para la economía. El capitalismo sigue necesitando de esas jerarquías raciales y de género para reproducirse y sostenerse.

Por eso, desde el Sur Global entendemos que no basta con hablar de feminismo sin hablar de racismo y de capitalismo. Que no es suficiente hablar de antirracismo sin cuestionar el sistema económico que lo sostiene. Y que no basta con criticar al capitalismo sin reconocer que su maquinaria está atravesada por el patriarcado y el racismo y alimenta la guerra.

Las narrativas antirracistas, feministas decoloniales y críticas al capitalismo son, en ese sentido, más que discursos: son caminos. Caminos que nos invitan a construir un futuro común, pero desde la escucha, desde el reconocimiento de la diferencia, desde la voluntad de transformar realidades.

Frente a la narrativa dominante que celebra la “modernización” y la “civilización” que es blanca, homogeneizante, racista eugenésica y por supuesto colonial, las narrativas descolonizantes nos invitan a recordar las violencias, los despojos, pero también las resistencias. Nos recuerdan que no venimos solo de un pasado de derrota, sino de una larga historia de lucha. Esa memoria, puesta en el centro, da fuerza política a nuestros discursos.

Finalmente, estas narrativas nos ofrecen un horizonte ético. En tiempos de guerras, genocidio, de desigualdades crecientes, crisis climática y de migraciones forzadas, necesitamos relatos que no repitan la lógica de dominación sobre la tierra, sobre los cuerpos, sobre los pueblos. Y justamente las narrativas descolonizantes nos ofrecen esa posibilidad: mirar y mirarnos la vida desde el reconocimiento de mi lugar de privilegio, de mi poder, desde la interdependencia, el cuidado y la dignidad.

 

(*) Sara R. Zubillaga. Afroperuana, feminista descolonial, antirracista. Politóloga. Especialista en género, interculturalidad y políticas públicas. Con experiencia en investigación, coordinación, monitoreo y evaluación de proyectos de desarrollo; gestión de procesos de fortalecimiento de capacidades e incidencia política en materia de derechos humanos, con énfasis en la defensa de los derechos de las mujeres, niñas y adolescentes en su amplia diversidad. Asociada de la Colectiva por la Libre Información para las Mujeres -CLIM , e integrante del Quilombo Anticolonial, apoyado por la Red de Migración, Género y Desarrollo.

 

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